aspioresnoticias

quarta-feira, julho 05, 2006

Brasil eliminado

De un querido anónimo,
algo del espíritu que anima a los brasileños después de la derrota contra Francia.
Mando versión bilingue para comparar.

Salí de la sala segundos antes de que acabara el juego. Aun así, ya en el jardín, oí lo que imaginé sería el silbato final. No quería ver la fiesta de los otros. Caminé hasta la cocina, pelé una mandarina. Estaba tan suculento el primer gajo que cambié de idea. Si iba a sufrir, que fuera con arena e imágenes. Regresé al cuarto de la TV y vi todo: la sonrisa de dientes blancos perfectos de Zidane, el brillo en los ojos de Henry, y los brazos en lo alto hacia la torcida de Barthez, el aire triunfal de su técnico, la repetición incansable de aquel gol solitario. ¿Saben que ni dolió tanto?
Mi historia de desamor con esa selección comenzó mucho tiempo atrás, todavía en las eliminatorias. En Buenos Aires, en la víspera del juego contra Argentina mordida ya por tres perforaciones aquí en Brasil, nuestra delegación recibió la visita en el hotel de Maradona. Nuestros estrellas y otros posaron para la foto con el segundo jugador más importante de la historia, recibieron besitos, abrazos, y aceptaron los elogios de que eran favoritos. ¿Alguien puede responderme quien dejó a Maradona entrar en el cuarto de R. Gaúcho? ¿Alguien le avisó o le dijo a R. Gaúcho y a los otros blandengues que aquello era sólo una escenita? Me acordé de Chicao, nuestro medio campista en la copa de 78, que decía que en víspera y día de juego de copa, la gente no debe ni rasurarse.
Confieso que ni sabía a ciencia cierta de la existencia de la copa de las confederaciones hasta la final entre Brasil y Argentina el año pasado. En aquel juego, con Robinho, Adriano y Cicinho jugando como dioses, sólo vi futbol y me apasioné. “Chúpatela porteño de mierda”, grité enfrente de la televisión. En aquel juego, olvidé todo lo malo que sabemos que existe pero que no entra en el campo. Sólo que llegó el mes de mayo, la copa a la vuelta de la esquina, y me acordé de todo.
En primer lugar, toda esa historia de nuestro favoritismo disparado, cuadrado mágico, dream team y todas esas madres. Sin contar que R. Gaúcho, Robinho, Kaká ¿Quién estaba jugando un futbol de sueño? Dream, casi un anagrama de m… (mierda, merda en portugués.) Ronaldo baleado, Roberto Carlos claramente fuera de condición hacía años (chutando mal, centrando mal, pensando mal, defendiendo con irregularidad), Cafú lastimado además de ser una reliquia, Dida criticado por sus actuaciones en el Milán, Adriano recargado en el Inter, Ricardinho hundiendo al Corintians… ¿Nadie estaba viendo los equipos del otro lado de la calle? ¿Nadie estaba viendo que poner el equipo por los cielos era el primer paso para recibir una zancadilla?
A esta altura, principios de mayo, todo me era muy claro. Un mes antes del puntapié inicial ya había equipos completos de TV y radio en Europa acompañando a la selección; mostraban todo: entrenamiento táctico, entrenamiento sin balón, sin chiste, dos toques, entrenamiento en el futbolito, entrenamiento con raqueta, día de asueto, salida del equipo del hotel, entrada en el ómnibus, llegada al lugar de entrenamiento, entrada en campo… No sólo mostraban como tenían comentaristas para analizar los movimientos. Todo eso, repito, a más de un mes de inicio de la competencia. Y, last but not least, había el corredor de las entrevistas, conocido como zona mixta. Los jugadores salían del entrenamiento, los reporteros llamando siempre a los mismos para las entrevistas: ronaldos, robinho, roberto carlos (¿por qué mi dios?). kaká, cafú, de vez en cuando juninho, émerson, adriano. Todos los días, el panel con logos y marcas de los patrocinadores al fondo, las mismas preguntas, las mismas respuestas obvias, los mismos reporteros lameculos elogiando a los jugadores quien sabe para conseguir una exclusiva o por lo menos una respuesta menos obvia. Mientras tanto, los comerciales de TV con frecuencia cada vez mayor, metiendo a los astros en las fauces de la torcida brasileña: robinho Vivo, kaká Santander, parreira golden cross, ronaldinho gaúcho, rexona, Ronaldo guaraná, y todos nike y sólo dios sabe qué más. Me preguntaba: ¿les sobrará tiempo para entrenar y concentrarse? ¿Existe alguien que los enfrente mirándolos a los ojos y, hablando alto, fuerte, con el aliento invadiendo las aberturas nasales del otro, les diga que nombre y salario no deciden un juego?
Fue en esa época que vi una entrevista de Kaká (mi dios, por qué no Cacá, con “C”?). El reportero adulando, claro, primero afirmaba que él, Kaká, estaba creciendo, mejorando, etc. Y después preguntaba “¿es verdad que estás asumiendo nuevos papeles en la selección?” La respuesta: “Creo que sí, estoy buscando conquistar mi espacio aquí dentro, asumiendo responsabilidades, creciendo dentro del grupo. También creo que estoy mejorando y que seré uno de los protagonistas”. Las palabras pueden no haber sido exactamente esas (seguramente sopladas por algún asesor de marketing o agente semi analfabeto) pero, para mí, confirmaban lo que ya antes había visto en el campo: la mayoría de esos astros parece NECESITAR destacar y brillar más que los colegas. En otra entrevista por el mundo entero, el mismo Kaká, autor del lindo gol que nos dio la victoria contra Croacia, declaró después de la partida: “nos faltó movernos, Ronaldo estaba demasiado parado.” ¿Alguien necesita más pruebas de que estamos hablando de un equipo sin cohesión?
Cuartas de final contra Francia. Temía más ese juego que cualquier otro. Más que el fantasma de la final de 98, sabía que el equipo de ellos era muy bueno. Una defensa sólida con el experimentado Thuram, Vieira en el medio campo y los dos astros Zidane y Henry serían duros de roer.
Mis temores ganaron forma de realidad ya antes del juego: R. Gaúcho entra en campo con una cinta negra en el pelo con la letra R ostentosamente grabada. No es R de Raza ni de Revancha. Es R sólo de Ronaldinho, ídolo mundial, modelo de propaganda que necesita brillar de cualquier manera. ¿Por qué no una cinta amarilla como la camisa de la selección? ¿O con la inscripción “say no to racism?"
Después, los intercambios de cariños antes del juego, entre nuestros atletas y los rivales. Abrazos, besos, sonrisas. E igual que con Maradona, ellos creyeron que Zidane andaba ahí de paseo y no hubo nadie para decir que era sólo escenificación (sé que se conocen de sus clubes pero no hay como echarle la culpa a la globalización). Me acuerdo de João Saldanha que no quería que llamaran a su equipo de selección canaria porque quería fieras en el campo, las fieras de Saldaña.
Una imagen de apenas segundos durante el juego contra Japón encapsula el espíritu de esa selección: Roberto Carlos en la banca, viendo el juego, acostado en el piso, al lado de la banca, con la cabeza apoyada en uno de los brazos, tal vez masticando un inexistente pastito, busca transmitir tranquilidad. Lo que él nos deja ver, sin embargo, además de una imperdonable falta de respeto por el adversario, es la despreocupación del tipo prepotente que se caga en el técnico por haberlo dejado entre los reservas. Y si se está cagando en el técnico e insiste en mostrarlo es porque el técnico es de verdad una mierda. Parreira no tuvo el coraje de sacar a Cafú, de sacar a Roberto Carlos, de sacar a Ronaldo cuando mal conseguía andar en el campo. No tuvo personalidad para oponerse a la presión y colocó a Juninho en lugar de Adriano en una formación que ni siquiera había probado. Parreira tuvo tiempo y estrellas pero no consiguió montar un equipo y no consiguió un padrón táctico ni un plano de juego (excepto conra Gana). Parreira no consiguió imbuir al equipo un espíritu guerrero, en donde los atletas entraran al campo como si fuesen a liberar a su país. Parreira no consiguió imponerse a sus jugadores, alertándolos del hurra hurra alrededor de ellos. Parreira no consiguió mostrar a sus atletas que en futbol, el talento individual también puede estar al servicio del colectivo. Parreira no impidió que la CBF hiciese de la selección una compañía de circo, en un espectáculo permanente dirigido para agradar a los patrocinadores y la media, quitándoles a todos concentración.
Y finalmente, pero no menos importante (last but not least suena mejor), Parreira no mandó a nadie para marcar a Zidane.

Saí da sala segundos antes do fim da partida. Mesmo assim, já no jardim,ouvi o que imaginei ser o apito final. Não queria ver a festa dos outros.Andei até a cozinha, abri uma mexerica. Estava tão suculento o primeiro gomoque mudei de idéia. Se é prá sofrer, que seja com areia e imagens. Volteiprá sala de TV e assisti a tudo: o sorriso de dentes brancos perfeitos do Zidane, o brilho nos olhos do Henry, os braços erguidos prá torcida doBarthez, o ar triunfal do técnico deles, o replay incansável daquele golsolitário. Sabe que não doeu tanto assim?Minha história de desamor com essa seleção começou muito tempo atrás, ainda nas eliminatórias. Em Buenos Aires, na véspera do jogo com a Argentinamordida por ter levado um canudo de três aqui no Brasil, nossa delegação foivisitada no hotel pelo Maradona. Nossos craques e outros pousaram para fotos com o segundo maior da história, ganharam beijinhos, abraços, e aceitaramos elogios de que eram os favoritos. Alguém pode me responder quem deixouMaradona entrar no quarto do R. Gaúcho? Alguém avisou o dito R. Gaúcho e outros trouxas que aquilo era jogo de cena? Lembrei do Chicão, nosso médiovolante na copa de 78, que dizia que em véspera e dia de jogo de copa agente nem barba deve fazer.Confesso que nem sabia direito da existência da copa das confederações até a final entre Brasil e Argentina no ano passado. Naquele jogo, com Robinho,Adriano e Cicinho batendo um bolão, só vi futebol e me apaixonei. "Chupaportenho de merda," gritei na frente da televisão. Naquele jogo, esqueci tudo de ruim que a gente sabe que existe mas não entra em campo.Só que chegou o mês de maio, a copa na esquina, e lembrei de tudo. Primeiroa história do nosso favoritismo disparado, quadrado mágico, dream team e o escambau. Fora o R. Gaúcho, Robinho, Kaká quem estava jogando futebol desonho? Dream quase um anagrama de m... Ronaldo baleado, Roberto Carlos claramente ultrapassado havia anos (chutando mal, centrando mal, pensando mal, defendendo com irregularidade), Cafu contundido além de ultrapassado,Dida criticado por suas atuações no Milan, Adriano encostado na Inter,Ricardinho afundando o Corinthians... Será que ninguém estava vendo isso e estava disposto a pôr a boca no trombone? Será que ninguém estava vendo ostimes do outro lado da rua? Será que ninguém estava vendo que jogar o timelá em cima era o primeiro passo prá dar a rasteira?A essa altura, início de maio, tudo já me estava claro. Um mês antes do pontapé inicial já havia equipes de TV e rádio completas na Europaacompanhando a seleção; mostravam tudo: treino tático, treino sem bola,bobinho, dois toques, treino na mesa de botão, treino no pebolim, dia de folga, saída do time do hotel, entrada no ônibus, saída do ônibus, chegadaao lugar de treino, entrada em campo.. Não apenas mostravam como tinhamcomentaristas para analisar os movimentos. Tudo isso, repito, a mais de um mês do início da competição. E, last but not least, havia o corredor dasentrevistas, chamado de zona mista. Os jogadores saíam do treino, osrepórteres chamando para as entrevistas sempre os mesmos: ronaldos, robinho, roberto carlos (por que meus deus?). kaká, cafu, de vez em quando juninho,émerson, adriano. Todos os dias, o painel com as logomarcas dospatrocinadores ao fundo, as mesmas perguntas, as mesmas respostas óbvias, os mesmos repórteres puxa-saco elogiando os jogadores quem sabe prá conseguiruma exclusiva ou pelo menos uma resposta menos óbvia. Enquanto isso, oscomerciais de TV com freqüência crescente, enfiando os astros na goela da torcida brasileira: robinho vivo, kaká santander, parreira golden cross,ronaldinho gaúcho rexona, ronaldo guaraná, e todos nike e deus sabe mais láo que. Me perguntava: será que sobra treino prá treinar e se concentrar? Será que existe alguém prá chegar olho no olho com esse pessoal e, falandoalto, grosso, o hálito invadindo as ventas do outro, dizer que que nome esalário não decidem jogo?Foi nessa época que vi uma entrevista do Kaká (meu deus, por que não "Cacá", com C mesmo?). O repórter, bajulando, claro, primeiro afirmava quepercebia que ele, Kaká, estava crescendo, melhorando, etc. e depoisperguntava "é verdade que você está assumindo novos papéis na seleção?" A resposta: "Eu acho sim, estou procurando conquistar meu espaço aqui dentro,assumindo responsabilidades, crescendo dentro do grupo. Acho também queestou melhorando e que serei um dos protagonistas." As palavras podem não ter sido exatamente essas (certamente sopradas por algum assessor demarketing ou agente semi-analfabeto) mas, para mim, confirmavam o que jáhavia visto dentro do campo antes: a maioria desses astros parece PRECISAR aparecer e brilhar mais do que os colegas. Em outra entrevista pro mundointeiro ver, o mesmo Kaká, autor do lindo gol que nos deu a vitória nacontra a Croácia, declarou após a partida: "faltou-nos movimentação, o Ronaldo estava parado demais." Alguém precisa de mais provas de que estamosfalando de um time sem coesão?Quartas de final contra a França. Temia esse jogo mais do que qualqueroutro. Mais do que o fantasma da final de 98, sabia que o time deles era muito bom. Um adefesa sólida com o experiente Thuram, Vieira no meio campo,e os dois cracaços Zidane e Henry seriam duros de roer. Meus temoresganham forma de realidade já antes do jogo: R. Gaúcho entra em campo com uma bandana preta com a letra R ostensivamente gravada. Não é R de Raça nem deRevanche. É R só de Ronaldinho, ídolo mundial, garoto propaganda que PRECISAbrilhar de qualquer jeito. Por que não uma bandana amarela como a camisa da seleção? Ou com a inscrição "say no to racism?" Depois, as trocas decarinho entre nossos atletas e os deles antes do jogo. Abraços, beijos,sorrisos. E, como com o Maradona, eles acreditaram que o Zidane estava lá a passeio e ninguém estava lá prá dizer que era jogo de cena (sei que seconhecem dos clubes mas não dá prá pôr a culpa na globalização). Lembra-me oJoão Saldanha que não queria seu time chamado de seleção canarinho porque queria feras em campo, as feras do Saldanha.Uma imagem de poucos segundos do jogo contra o Japão encapsula o espíritodessa seleção: Roberto Carlos na reserva, assiste à partida, deitado nochão, ao lado do banco, com a cabeça apoiada num dos braços, talvez mastigando uma inexistente folha de capim, busca transmitir tranqüilidade. Oque ele passa, no entanto, além de um imperdoável desrespeito peloadversário, é a despreocupação do medalhão que sabe que não vai perder a posição, do medalhão que está cagando pro técnico tê-lo deixado na reserva.E se ele está cagando pro técnico e faz questão de mostrar é porque otécnico é mesmo um bosta. Parreira não teve coragem de tirar o Cafu, de tirar Roberto Carlos, de tirar o Ronaldo quando ele mal conseguia andar emcampo. Não teve personalidade prá opor-se à pressão e colocou o Juninho nolugar do Adriano numa formação que ainda não havia testado. Parreira teve tempo e craques mas não conseguiu montar um time e não conseguiu dar umpadrão tático nem plano de jogo (exceto contra Gana). Parreira não conseguiuincutir na equipe um espírito guerreiro, em que os atletas vão a campo como se fossem libertar seu país. Parreira não conseguiu se impor aos jogadores,alertando-os quanto ao oba oba traiçoeiro em torno deles. Parreira nãoconseguiu mostrar aos atletas que em futebol, o talento individual também pode estar a serviço do coletivo. Parreira não impediu que a CBF fizesse daseleção uma trupe de circo, num espetáculo permanente voltado prá agradar ospatrocinadores e mídia, desconcentrando a todos.E finalmente, mas não menos importante (last but not least é mais legal), Parreira não mandou ninguém prá marcar o Zidane.